Latín de 4º de ESO: ejercicios con soluciones

Latín de 4º de ESO empieza de cero, y el primer choque llega enseguida: en esta lengua el final de cada palabra dice qué papel juega, así que la frase se puede desordenar entera sin que cambie lo que dice. Abajo van los recordatorios de teoría imprescindibles y 47 ejercicios repartidos en dieciséis apartados, con la solución razonada paso a paso: con la forma correcta y, sobre todo, con el camino que lleva hasta ella y con lo que hay que mirar antes de traducir.



Una advertencia previa, porque condiciona el resto: aquí el oído no te va a avisar de nada. En una lengua que nadie habla en casa, una terminación equivocada no produce una frase rara: produce otra frase, que también se deja traducir. Por eso las soluciones insisten tanto en el mismo orden de trabajo —mirar la terminación primero y traducir después— y por eso, donde un manual diría «esto se nota», esta página dice qué comprobar.

Las palabras latinas van en cursiva y su significado castellano entre comillas angulares. No se usan rayas de cantidad sobre las vocales: cuando hace falta saber si una vocal es larga o breve, se dice con palabras. Y los paradigmas se dan en prosa, agrupando los casos que comparten forma, que es además como se recitan.

Hasta dónde llega este material. El Real Decreto 217/2022, que fija las enseñanzas mínimas de esta etapa, organiza Latín en cuatro bloques —la civilización latina hoy, latín y plurilingüismo, el texto latino y su traducción, y legado y patrimonio— pero no publica una lista de declinaciones ni de tiempos verbales, así que el reparto concreto de estos dieciséis apartados es nuestro. Trae: alfabeto y pronunciación, acentuación, los seis casos, las declinaciones primera, segunda y tercera, el adjetivo de tres terminaciones y el verbo sum; el presente, el pretérito imperfecto y el pretérito perfecto de indicativo en voz activa, la oración simple, las palabras que rigen caso, el paso del latín hablado al castellano, los cultismos y los latinismos, y el vocabulario de la ciudad y del derecho. Queda fuera, porque pertenece ya a 1º de Bachillerato: la cuarta y la quinta declinaciones, los pronombres, los grados del adjetivo, la voz pasiva, el modo subjuntivo, el participio y el resto de formas nominales, la subordinación y la traducción de textos de autor con diccionario. Dos apartados traen la explicación y ningún ejercicio, y está hecho a propósito: la romanización de Hispania y el legado material se ejercitan sobre mapas y fotografías, y esta página no lleva imágenes. La explicación sí está escrita, porque llevársela entendida es mejor que no llevarse nada.

Temas que puedes practicar en esta página

Son 47 ejercicios. Ningún apartado baja de tres ni pasa de cuatro. El reparto responde a por dónde se atasca quien empieza: veinte van a la flexión del nombre y del adjetivo, que es la puerta de entrada; once, al verbo y a la oración simple; ocho, a la herencia del latín en el castellano, que es la parte que se aprovecha aunque nunca se traduzca una línea; y el resto, al alfabeto, al parentesco entre lenguas y al vocabulario de las instituciones. Cada número lleva directamente a su ejercicio:

TemaQué se practicaEjercicios
El latín y las lenguas que nacieron de élParentesco, latín hablado y lenguas romances1 y 2 y 3
El alfabeto latino y cómo sonabaLeer en voz alta y colocar el acento4 y 5 y 6
Qué es un caso y para qué sirveEnunciado, raíz, desinencia y función7 y 8 y 9
La primera declinaciónDeclinar y reconocer el caso por la terminación10 y 11 y 12
La segunda declinación y el género neutroMasculinos en -us y en -er, y neutros en -um13 y 14 y 15
La tercera declinaciónDel genitivo a la raíz, y los neutros16 y 17 y 18 y 19
El adjetivo y la concordanciaConcordar los tres rasgos a la vez20 y 21 y 22
Sum y el presente de indicativoLas cuatro conjugaciones y la persona23 y 24 y 25 y 26
El pretérito imperfecto y el pretérito perfectoDos bases distintas dentro del mismo verbo27 y 28 y 29
Traducir una oración simpleDel verbo al nominativo, y el orden de palabras30 y 31 y 32 y 33
Las preposiciones y los complementos con casoElegir el caso que pide cada palabra34 y 35 y 36
Cómo el latín se convirtió en castellanoReglas de evolución y de dónde sale la palabra37 y 38 y 39 y 40
Cultismos, latinismos y familias de palabrasDobletes, locuciones vivas y étimos41 y 42 y 43 y 44
Las palabras que nombran la ciudad y el poderCivis, populus y la familia del derecho45 y 46 y 47
La romanización de HispaniaTeoría sola: el proceso, sin ejerciciossolo teoría
El legado material: lo que sigue en pieTeoría sola: cómo construían, sin ejerciciossolo teoría

Los 47 ejercicios de Latín de 4º de ESO, resueltos

El latín y las lenguas que nacieron de él

Lo que hay que saber

El latín es una lengua indoeuropea. Esa familia reúne al griego, a las lenguas germánicas, a las eslavas y a muchas más. Nadie escribió nunca el indoeuropeo: se reconstruye comparando las lenguas que salieron de él.

Roma llevó su lengua por toda la cuenca del Mediterráneo. De aquel latín hablado —el de la calle, el del soldado y el del comerciante— nacieron las lenguas romances. No nacieron del latín literario, que se quedó en los libros.

Donde Roma no llegó, o llegó tarde, la lengua de antes siguió su camino sin que el latín la tocara. Por eso en la Península no todo lo que se habla hoy viene de allí, y hay lenguas más antiguas que la propia conquista.

Por eso el castellano se explica mejor desde la palabra corriente que desde la culta. Equus era el caballo en los libros; caballus, en la cuadra. De caballus salió «caballo», y de la otra solo quedaron palabras cultas como «ecuestre».

Saber algo de latín no sirve para hablar latín. Sirve para ver por dentro las palabras que ya usas, y para reconocer en una lengua nueva lo que la tuya ya tenía.

1Coloca cada una de estas cinco lenguas donde le toca: francés, vasco, rumano, catalán y alemán. ¿Cuáles nacieron del latín? ¿Cuál es indoeuropea pero no nació de él? ¿Y cuál no es ninguna de las dos cosas?

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Nacieron del latín el francés, el rumano y el catalán. Las tres son lenguas romances.

El alemán es indoeuropeo, de la rama germánica, pero no viene del latín: es primo del latín, no hijo suyo.

El vasco no entra en ninguno de los dos grupos: ni viene del latín ni es indoeuropeo, y no se le conoce parentesco con ninguna lengua vecina. Romances, además de las tres de arriba, son el castellano, el gallego, el asturleonés, el aragonés, el italiano y el portugués.

▲ Que el rumano sea romance sorprende porque está lejos del resto. La explicación es histórica: Roma llegó también allí, y la lengua se quedó.

2El latín tenía dos palabras para el caballo: equus y caballus. El castellano se quedó con la segunda. ¿Por qué? ¿Y de dónde sale entonces «ecuestre»?

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Porque las lenguas romances no salieron del latín de los libros, sino del que se hablaba por la calle. Y en la calle el caballo era caballus.

Equus era la palabra elevada, la de los textos. No estaba en boca de la gente que iba a acabar hablando castellano, así que no tuvo por dónde transmitirse.

«Ecuestre» entró muchos siglos después, ya por escrito, cuando se necesitó una palabra culta para hablar de estatuas y de deportes a caballo. Por eso se parece tanto al latín: no ha tenido tiempo de gastarse.

⚠ Lo que hay que llevarse de aquí no es la palabra, es el método: cuando una palabra castellana no se parece a la latina que esperabas, sospecha que la que se transmitió fue otra.

3Ordena estos tres momentos y di qué ocurre entre uno y el siguiente: nacen las lenguas romances · Roma extiende su lengua por el Mediterráneo · el latín se separa del resto de la familia indoeuropea.

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El orden es: primero el latín se separa del resto de la familia indoeuropea; después Roma lo extiende por el Mediterráneo; por último nacen las lenguas romances.

Entre el primero y el segundo hay un cambio de escala: una lengua de una región pequeña de Italia pasa a hablarse en territorios enormes, y llega allí con soldados, funcionarios y comerciantes.

Entre el segundo y el tercero lo que hay es distancia y tiempo. Una lengua que se habla en sitios muy separados deja de cambiar igual en todos ellos, y las diferencias acaban siendo tantas que ya no es una sola lengua.

▲ El tercer paso no tiene fecha. Nadie se acostó hablando latín y se levantó hablando castellano; la separación se reconoce mucho después, cuando alguien escribe algo que ya no es latín.

El alfabeto latino y cómo sonaba

Lo que hay que saber

El alfabeto latino clásico tiene veintitrés letras. No tiene J, ni U, ni W como letras propias: la I servía de vocal y de consonante, y la V hacía lo mismo. Esas tres se inventaron muchos siglos después.

En la pronunciación clásica la C suena siempre como una k, delante de cualquier vocal: civis se lee «kíuis». La G es siempre suave, como en «gato». La V suena como la u de «huevo». La H era una aspiración muy floja.

El grupo ae no se leía como una e. Era un diptongo, con sus dos sonidos seguidos: caelum suena «káelum».

El latín no escribe tilde, y no la necesita: el acento cae siempre en el mismo sitio y ese sitio se puede calcular. Con dos sílabas no hay nada que mirar: la tónica es la de delante. En las de tres o más depende de la cantidad de la penúltima: si es larga, el acento va ahí; si es breve, retrocede una sílaba más.

La cantidad es cuánto duraba la vocal, y no se escribe en ninguna parte. Hay que saberla o deducirla. Una ayuda que vale muchas veces: si a la vocal le siguen dos consonantes, esa sílaba cuenta como larga.

▲ La sílaba tónica no es nunca la última, con un matiz: si a la palabra se le pega detrás la partícula que, el cálculo se rehace sobre la palabra entera, y entonces el acento puede acabar cayendo donde antes no caía. Populus se acentúa PO-pu-lus y populusque se acentúa po-pu-LUS-que.

4Escribe cómo suenan en pronunciación clásica: Cicero, Caesar, vinum y magister.

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Cicero suena «Kíkero»: las dos ces son k, delante de i y de e igual que delante de a.

Caesar suena «Káesar», con la a y la e pegadas en un diptongo y la c otra vez como k.

Vinum suena «uínum», porque la v representa aquí el sonido de la u de «huevo».

Magister suena «maguíster»: la g latina es siempre suave, también delante de i y de e.

⚠ La pronunciación que se oye en misas y en cantos es otra, la eclesiástica, y en ella la c ante e o i suena como una ch suave. Ninguna de las dos es un error: son dos épocas distintas.

5Divide en sílabas y marca la tónica en mayúsculas: amicus (la i es larga), dominus (la i es breve), rosarum (la a es larga) y templum.

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a-MI-cus: penúltima larga, y ahí se queda el acento.

DO-mi-nus: penúltima breve, y el acento retrocede una sílaba.

ro-SA-rum: la penúltima lleva una a larga, así que el acento se queda ahí.

TEM-plum: solo tiene dos sílabas, así que no queda nada que calcular y la tónica es la de delante.

▲ En templum no hacía falta saber ninguna cantidad, y eso ya es una ayuda: las palabras de dos sílabas se resuelven sin pensar.

6Si el latín coloca el acento con una regla fija, ¿por qué el castellano necesita tildes?

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Porque en castellano el acento no se puede calcular mirando la palabra. Puede caer en cualquiera de las tres últimas sílabas y nada en su forma lo anuncia.

La prueba está en las parejas que solo se distinguen por ahí: «término», «termino» y «terminó» llevan exactamente las mismas letras en el mismo orden y son tres palabras distintas.

La tilde castellana existe justamente para resolver eso. No marca todas las palabras: marca las que la regla general no acertaría por sí sola.

⚠ En latín el acento tampoco se podía adivinar del todo: hacía falta saber si la penúltima era larga o breve, y eso no está escrito en ninguna parte. La diferencia es que quien hablaba latín lo sabía sin pensarlo.

Qué es un caso y para qué sirve

Lo que hay que saber

El castellano y el latín reparten los papeles de la frase por caminos muy distintos. El latín lo hace con la terminación de cada palabra. Esa terminación se llama desinencia, y el sistema entero se llama flexión.

Una palabra latina se parte en dos trozos: la raíz, que lleva el significado, y la desinencia, que lleva el caso y el número.

Los casos son seis: nominativo, vocativo, acusativo, genitivo, dativo y ablativo. Cada uno tiene sus funciones habituales: nominativo, el sujeto; vocativo, la llamada; acusativo, el complemento directo; genitivo, el complemento del nombre; dativo, el complemento indirecto; ablativo, el complemento circunstancial.

▲ Esas parejas valen para el material de aquí, y no son una ecuación. El nominativo es también lo que va detrás del verbo «ser». Y el acusativo deja de ser complemento directo en cuanto lleva delante una preposición.

Un nombre se presenta siempre con el mismo enunciado: su nominativo, su genitivo singular y su género. Ese genitivo es el que importa, porque de él se saca la raíz y con ella la declinación a la que pertenece.

Hay cinco declinaciones y se distinguen justamente por el genitivo singular: -ae la primera, -i la segunda, -is la tercera, -us la cuarta y -ei la quinta. Aquí se trabajan las tres primeras.

7Traduce las dos frases y explica qué ha cambiado: Puella rosam amat · Puellam rosa amat.

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La primera es «la niña ama la rosa». La segunda es «la rosa ama a la niña».

Las palabras están en el mismo sitio en las dos, así que lo que ha cambiado no es el orden: es la terminación. En la primera, puella lleva la marca de nominativo y rosam la de acusativo. En la segunda están al revés.

De ahí sale la idea que sostiene toda esta página: en latín el papel de cada palabra viaja pegado a su final, de modo que desordenar la frase no cambia lo que dice.

⛔ Y de ahí sale también el aviso: la segunda frase es rara pero perfectamente correcta. Confundir las dos terminaciones no produce una frase imposible; produce otra frase, que también se deja traducir.

8Parte el genitivo de estos tres en raíz y desinencia, y coloca cada palabra en su declinación: miles, militis · aqua, aquae · templum, templi.

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Militis se parte en milit- y -is: raíz milit-, y la desinencia la coloca en la tercera.

Aquae se parte en aqu- y -ae: raíz aqu-, primera declinación.

Templi se parte en templ- y -i: raíz templ-, segunda declinación.

⚠ Fíjate en que en el primero la raíz no se parecía al nominativo. Eso es normal en la tercera y es la razón de que el enunciado traiga el genitivo: sin él, no habría por dónde empezar.

9En castellano, ¿qué hace el trabajo que en latín hacen las terminaciones? Explícalo con la frase «el perro muerde al cartero».

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Lo hacen dos cosas: el orden y las preposiciones. Si cambias el orden y escribes «el cartero muerde al perro», has cambiado quién muerde a quién.

La preposición «a» de «al cartero» también trabaja: señala que ese es el que recibe la acción, no el que la hace.

En latín ninguna de las dos cosas es necesaria para eso. La frase se puede escribir en cualquier orden y sin ninguna palabra añadida, porque el reparto va dentro de cada palabra.

▲ Eso no quiere decir que el latín no tenga nada parecido a las preposiciones: las tiene, y bastantes. Lo que ocurre es que no las emplea para lo básico.

La primera declinación

Lo que hay que saber

Aquí entran los nombres cuyo genitivo singular acaba en -ae. Su nominativo acaba en -a. Casi todos son femeninos.

Singular de rosa, rosae: nominativo y vocativo, rosa; acusativo, rosam; genitivo y dativo, rosae; ablativo, rosa. La forma del ablativo se escribe igual que la del nominativo, y en latín se distinguían por la duración de la vocal final.

Plural: nominativo y vocativo, rosae; acusativo, rosas; genitivo, rosarum; dativo y ablativo, rosis.

⚠ Una misma forma sirve para varios sitios, y eso se ve mirando el paradigma entero: aquae aparece en él cuatro veces, en cuatro casillas distintas. Cuál de ellas toca no lo decide la palabra: lo decide el resto de la frase.

Unos cuantos nombres de esta declinación son masculinos porque designan oficios de hombre: poeta, nauta, agricola. Se declinan exactamente igual; lo que varía es con qué concuerdan.

10Declina puella, puellae en singular y en plural, agrupando los casos que comparten forma.

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Singular: nominativo y vocativo, puella; acusativo, puellam; genitivo y dativo, puellae; ablativo, puella.

Plural: nominativo y vocativo, puellae; acusativo, puellas; genitivo, puellarum; dativo y ablativo, puellis.

Solo hay que cambiar la raíz y dejar las terminaciones donde estaban: la raíz es puell- y sale del genitivo del enunciado, quitándole el -ae.

⚠ El singular tiene dos formas que se escriben igual, el nominativo y el ablativo. En latín no sonaban igual, porque la vocal final del ablativo era larga, pero eso no se escribe y no se puede ver.

11Analiza estas cuatro formas de silva, silvae y di todos los casos que puede ser cada una: silvas, silvarum, silvis, silvam.

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Silvas es acusativo plural, y no puede ser otra cosa.

Silvarum es genitivo plural, tampoco admite discusión.

Silvis vale para dativo plural y para ablativo plural, que en esta declinación no se distinguen.

Silvam es acusativo singular. La -m final es la marca más fiable de esta declinación.

⚠ Dos de las cuatro tienen una sola lectura y una tiene dos. Cuando una forma admite varias, no se elige a ojo: se mira qué hace falta en la frase.

12Poetae admite varias lecturas. Di cuáles son y escribe una traducción para cada una.

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Puede ser genitivo singular: «del poeta».

Puede ser dativo singular: «para el poeta» o «al poeta».

Y puede ser nominativo o vocativo plural: «los poetas», o bien una llamada, «¡poetas!».

Que la palabra sea masculina no cambia nada de esto: poeta se declina por la primera igual que cualquier femenino, y lo que varía es solo con qué tendrá que concordar.

▲ Cuatro casillas para una sola forma parecen un problema, y dentro de una frase dejan de serlo: solo una encaja con lo que pide el verbo.

La segunda declinación y el género neutro

Lo que hay que saber

Genitivo singular en -i. En nominativo asoman tres finales distintas: -us, -er y -um. Los de -us y -er suelen ser masculinos; los de -um son neutros.

Dominus, domini: acusativo dominum, genitivo domini, dativo y ablativo domino. En plural: nominativo y vocativo domini, acusativo dominos, genitivo dominorum, dativo y ablativo dominis.

El vocativo singular es aquí domine, y es el único vocativo de toda la página con forma propia. En los demás sitios el vocativo copia al nominativo.

Los acabados en -er se reparten: puer, pueri conserva la e en toda la palabra; ager, agri la pierde. Saberlo no es cuestión de intuición: lo dice el genitivo del enunciado.

Los neutros siguen una regla que vale para las cinco declinaciones. Nominativo, vocativo y acusativo tienen siempre la misma forma, y en plural esa forma acaba en -a. Así, oppidum sirve de sujeto y de complemento directo, y oppida cubre los tres casos del plural.

13Declina bellum, belli en singular y en plural.

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Singular: nominativo, vocativo y acusativo, bellum; genitivo, belli; dativo y ablativo, bello.

Plural: nominativo, vocativo y acusativo, bella; genitivo, bellorum; dativo y ablativo, bellis.

Los tres primeros casos coinciden porque la palabra es de género neutro, y eso vale igual en singular que en plural.

⚠ Al declinar un neutro se tarda menos, pero al traducirlo se tarda más: una forma que vale para el sujeto y para el complemento directo obliga a leer la frase entera antes de decidir.

14Escribe la forma que se pide y explica por qué: el vocativo singular de servus · el acusativo singular de ager y el de puer · el acusativo plural de templum.

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Vocativo singular de servus: serve. Es el único vocativo con forma propia de toda esta página; en los demás sitios copia al nominativo.

Acusativo singular de ager: agrum; el de puer: puerum. La primera pierde la e en cuanto se declina y la segunda la conserva, y aun así las dos llevan la misma terminación.

Acusativo plural de templum: templa. Es neutro, así que su acusativo plural coincide con el nominativo y acaba en -a.

▲ Lo de la e no se adivina: puer la conserva en todas sus formas y ager la pierde en todas. Las dos se escriben igual de bien y el enunciado es el que decide.

15¿Por qué bella no puede ser genitivo singular ni dativo? ¿Qué casos puede ser?

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Porque en esta declinación el genitivo singular acaba en -i y el dativo en -o. Ninguno de los dos acaba en -a.

Bella puede ser nominativo, vocativo o acusativo plural, los tres casos que comparten forma en los neutros.

La terminación -a del plural es la marca de esos tres, y aparece igual en la segunda declinación que en la tercera.

⚠ Cuidado con esa -a: es fácil leerla como si fuera de la primera declinación y colocar la palabra en femenino singular. Bella y templa son plurales neutros, no femeninos.

La tercera declinación

Lo que hay que saber

Reúne más palabras que cualquier otra y es la única con los tres géneros dentro. Su marca es el genitivo singular en -is.

⛔ El nominativo no sirve para sacar la raíz, y confiar en él lleva derecho a analizar mal la palabra. La raíz sale de quitarle el -is al genitivo: lex, legis da leg-, y miles, militis da milit-.

Masculinos y femeninos, sobre esa raíz: acusativo singular en -em, genitivo en -is, dativo en -i, ablativo en -e. En plural, -es para nominativo, vocativo y acusativo; -um para el genitivo; -ibus para dativo y ablativo.

Los neutros cambian solo tres formas, y son las de siempre: nominativo, vocativo y acusativo singular son el nominativo del enunciado tal cual, y en plural esos tres acaban en -a.

Un grupo de nombres hace el genitivo plural en -ium en lugar de en -um. Son, con algunas excepciones que se aprenden, los que no ganan ninguna sílaba al pasar del nominativo al genitivo, como clavis, clavis, y los que acaban en dos consonantes, como urbs, urbis.

▲ Una pista de esta página, con su límite dicho: aquí dentro, una palabra acabada en -ibus está en dativo plural o en ablativo plural, y pertenece a la tercera. Fuera de esta página hay más declinaciones con esa misma terminación.

16Saca la raíz de cada enunciado y declina los dos en singular: rex, regis y corpus, corporis.

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La raíz de rex es reg-, y su singular es: nominativo y vocativo rex, acusativo regem, genitivo regis, dativo regi, ablativo rege.

La raíz de corpus es corpor-, y su singular es: nominativo, vocativo y acusativo corpus, genitivo corporis, dativo corpori, ablativo corpore.

Los tres primeros casos de corpus coinciden porque es neutro, y su forma es la del enunciado, no la de la raíz.

⚠ Las dos palabras tienen un nominativo que no se parece a su raíz, y de dos maneras distintas. Por eso el nominativo no vale para decidir nada en esta declinación.

17Analiza estas cuatro formas de miles, militis: militem, militum, militibus, milites.

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Militem es acusativo singular: la terminación -em es la del acusativo singular de los masculinos y femeninos.

Militum es genitivo plural.

Militibus vale para dativo plural y para ablativo plural: esos dos comparten forma.

Milites es nominativo, vocativo o acusativo plural. En esta declinación los tres se escriben igual en masculino y femenino.

▲ Aquí funciona la pista de la terminación -ibus, pero solo dentro de esta página: hay otras declinaciones con esa misma terminación y aquí no se estudian.

18¿Por qué civium lleva una i que regum no lleva?

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Porque en civis, civis el genitivo no gana ninguna sílaba respecto del nominativo, y ese grupo hace el genitivo plural en -ium.

Rex, regis no cumple esa condición: el nominativo tiene una sílaba y el genitivo dos. Su genitivo plural es el corriente, regum.

La otra condición que lleva a -ium es acabar en dos consonantes, como urbs, urbis.

⚠ Es una condición sobre la forma de la palabra, no sobre su significado, así que no se puede razonar: hay que contar sílabas o mirar el final.

19Pon en plural estas tres formas: nomen (nominativo singular) · urbem (acusativo singular) · patris (genitivo singular).

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Nomen hace nomina: es neutro, y sus nominativo, vocativo y acusativo plurales acaban en -a sobre la raíz nomin-.

Urbem hace urbes, la forma corriente del acusativo plural de masculinos y femeninos.

Patris hace patrum, y aquí está la trampa: pater, patris cumple la condición de las sílabas y aun así no hace -ium.

▲ Pater, mater y frater son tres excepciones que se aprenden de memoria y se acabó. Son además tres palabras muy frecuentes, así que salen pronto.

El adjetivo y la concordancia

Lo que hay que saber

Un adjetivo de este tipo se enuncia con tres formas, una por género: bonus, bona, bonum. No son tres palabras: son la misma vestida de masculino, de femenino y de neutro.

El masculino y el neutro se declinan por la segunda declinación; el femenino, por la primera. Con eso ya está: no hay que aprender nada nuevo.

Concordancia quiere decir que el adjetivo copia del nombre tres cosas: el género, el número y el caso. Las tres, no dos.

⛔ Concordar no es terminar igual, y conviene dejarlo fijado antes de seguir. Agricola es masculino aunque acabe en -a, así que su adjetivo va en masculino: agricola bonus. Con civis ocurre lo mismo por otro motivo: el nombre pertenece a la tercera y su adjetivo a la segunda, y aun así concuerdan: civis bonus.

Con el verbo sum el adjetivo no es complemento de nada: va en nominativo y concuerda con el sujeto. Aqua bona est es «el agua es buena».

20Pon magnus, magna, magnum en la forma que corresponde junto a cada una de estas palabras: silva (nominativo singular) · templum (acusativo singular) · reges (nominativo plural) · nautam (acusativo singular).

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Con silva: magna. Femenino, singular, nominativo.

Con templum: magnum. Neutro, singular, acusativo, que en los neutros se escribe como el nominativo.

Con reges: magni. Masculino, plural, nominativo.

Con nautam: magnum. Nauta es masculino aunque acabe en -a, así que el adjetivo va en masculino y por la segunda declinación.

⚠ Las dos últimas enseñan lo mismo desde lados opuestos: el adjetivo no copia la terminación del nombre, copia sus tres rasgos.

21Estas dos están mal. Corrígelas y di qué falla en cada una: poeta bona · rosa pulcher.

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La primera queda poeta bonus. Poeta es masculino, así que el adjetivo tiene que ir en masculino, aunque las dos palabras dejen entonces de parecerse.

La segunda queda rosa pulchra. Rosa es femenino y el adjetivo estaba en masculino.

Los dos errores son el mismo por los dos lados: mirar la terminación del nombre en lugar de mirar su género.

⛔ Y ninguno de los dos avisa de nada. Poeta bona no suena mal, porque en latín nadie tiene oído; se detecta comprobando el género en el enunciado, que es donde está escrito.

22Traduce Templum antiquum est y Templa antiqua sunt, y di qué concuerda con qué en cada una.

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La primera es «el templo es antiguo». La segunda es «los templos son antiguos».

En las dos, el adjetivo copia del sujeto los tres rasgos: es neutro, y va en nominativo singular la primera vez y en nominativo plural la segunda.

Además el verbo concuerda con el sujeto en número: est para uno solo, sunt para varios. Son dos concordancias distintas funcionando al mismo tiempo dentro de una frase muy corta.

⚠ Con este verbo el adjetivo no es complemento de nada: comparte caso con el sujeto y no va nunca en acusativo.

Sum y el presente de indicativo

Lo que hay que saber

El verbo latino no necesita pronombre delante. La persona y el número los lleva pegados al final, en estas desinencias: -o o -m, -s, -t, -mus, -tis, -nt.

▲ Que no lo necesite no quiere decir que no exista. El latín tiene pronombres personales y los usa cuando quiere insistir en quién hace algo.

Sum es irregular y hay que sabérselo de memoria: asoma en casi todas las frases de esta página. Su presente es sum, es, est, sumus, estis, sunt.

Hay cuatro conjugaciones y se distinguen por la vocal que aparece antes del -re del infinitivo: -are la primera, -ere con e larga la segunda, -ere con e breve la tercera e -ire la cuarta. Las dos de en medio comparten grafía y solo las separa la duración de esa e.

El enunciado de un verbo trae aquí cuatro piezas, por ejemplo amo, amas, amare, amavi. Las tres primeras sitúan el presente y la conjugación; la cuarta abre el pretérito perfecto.

Presente de las cuatro, en tercera persona: amat, habet, legit, audit. En tercera del plural la cuarta mete una u que las otras no tienen: amant, habent, legunt, audiunt.

23Conjuga el presente de porto, portas, portare, portavi en las seis personas.

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porto, portas, portat, portamus, portatis, portant.

La base sale del infinitivo, quitándole el -re: porta-. A ella se le pegan las desinencias de persona.

En la primera persona del singular la a de la base desaparece delante de la -o, y por eso se dice porto y no portao. Es el único sitio donde pasa.

⚠ Conviene aprender el presente con el infinitivo delante, no suelto: el infinitivo es lo que dice qué vocal lleva la base, y sin esa vocal no se puede construir ninguna forma.

24Di persona, número y verbo de cada una: vident, audimus, legitis, est.

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Vident es tercera del plural de video: «ven».

Audimus es primera del plural de audio: «oímos».

Legitis es segunda del plural de lego: «leéis».

Est es tercera del singular de sum: «es».

▲ Las cuatro se resuelven mirando solo el final, porque las desinencias de persona son las mismas en las cuatro conjugaciones. Lo que cambia entre conjugaciones es la vocal de delante.

25Estos cuatro verbos están en primera persona. Pásalos a la segunda del plural, sin salir del presente: voco, timeo, mitto, venio.

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Voco hace vocatis; timeo hace timetis; mitto hace mittitis; venio hace venitis.

La desinencia es la misma en los cuatro, -tis. Lo único que cambia es la vocal que la precede, y esa vocal la marca la conjugación: a, e, i e i.

Por eso la pregunta útil ante un verbo nuevo no es «¿qué desinencia lleva?», sino «¿de qué conjugación es?».

⚠ La vocal de mittitis es una i breve que aparece solo por razones de pronunciación, y no significa que el verbo sea de la cuarta. Si dudas, vuelve al infinitivo: mittere tiene la e breve de la tercera.

26Traduce estas dos y explica por qué no hace falta ningún pronombre: Sumus amici · Rosas amant.

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Sumus amici es «somos amigos». Rosas amant es «aman las rosas».

En la primera, el -mus ya dice que el sujeto es «nosotros». En la segunda, el -nt señala a varios que no son ni quien habla ni a quien se habla.

El castellano funciona igual y no nos damos cuenta: «somos» y «aman» tampoco necesitan pronombre. Lo que cuesta al principio es acordarse de leer el final del verbo antes que nada.

▲ El latín sí tiene pronombres personales, y los usa cuando quiere subrayar quién hace algo. Que no hagan falta no quiere decir que no existan.

El pretérito imperfecto y el pretérito perfecto

Lo que hay que saber

Cada verbo latino trabaja con dos bases distintas. El tema de presente se saca del infinitivo. El tema de perfecto sale de la cuarta pieza del enunciado, sin su -i.

Del tema de presente salen el presente y el pretérito imperfecto. Del tema de perfecto sale el pretérito perfecto, y solo él.

El imperfecto mete un enlace entre la base y la desinencia. En la primera y la segunda conjugación ese enlace es -ba-: amabam, amabas, amabat. En la tercera y la cuarta es -eba-: legebam, veniebam. Sum hace eram, eras, erat, eramus, eratis, erant.

⛔ Del infinitivo no se puede deducir el tema de perfecto, y de ahí que el enunciado tenga cuatro piezas y no tres. Amo hace amavi, pero lego hace legi, video hace vidi y mitto hace misi.

El perfecto tampoco usa las desinencias de antes. Tiene las suyas: -i, -isti, -it, -imus, -istis, -erunt. Pegadas al tema de perfecto dan amavi, amavisti, amavit, amavimus, amavistis, amaverunt.

27Escribe el pretérito imperfecto de video y de audio en las tres personas del singular.

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De video: videbam, videbas, videbat.

De audio: audiebam, audiebas, audiebat.

La diferencia está en el enlace. La segunda conjugación lo hace con -ba- y la cuarta con -eba-, y esa e de más es lo único que separa las dos series.

⚠ La primera persona acaba en -m y no en -o. Es la otra desinencia de primera persona, y aparece en todos los tiempos menos en el presente.

28Di qué tiempo es cada forma y de qué verbo sale: scripsit, erant, habebamus, vicerunt.

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Scripsit es pretérito perfecto, tercera del singular, de scribo: «escribió».

Erant es pretérito imperfecto, tercera del plural, de sum: «eran» o «estaban».

Habebamus es pretérito imperfecto, primera del plural, de habeo: «teníamos».

Vicerunt es pretérito perfecto, tercera del plural, de vinco: «vencieron».

▲ Dos de las cuatro no se parecen a su primera forma del enunciado. Eso no es una irregularidad rara: el tema de perfecto viene aparte y por eso se enuncia aparte.

29Venimus admite dos traducciones distintas. ¿Cuáles son y por qué ocurre?

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Puede ser «venimos», presente, y puede ser «vinimos», pretérito perfecto.

Ocurre porque el tema de perfecto de este verbo es igual que su base de presente, y las desinencias de primera persona del plural coinciden: -mus en el presente e -imus en el perfecto.

En latín hablado las dos no sonaban igual, porque la e del perfecto era larga. Esa diferencia no se escribe, así que sobre el papel las dos formas son la misma.

⚠ El castellano tiene la misma ambigüedad en los verbos acabados en «-ir»: «venimos» y «salimos» sirven también para el presente y para el pasado, y se resuelve por el contexto exactamente igual.

Traducir una oración simple

Lo que hay que saber

El orden de palabras no reparte las funciones. Puella rosam amat y Rosam puella amat dicen exactamente lo mismo. Lo habitual es que el verbo cierre la frase, pero eso es una costumbre, no una obligación.

▲ Libre no es libre del todo: las preposiciones van delante de la palabra sobre la que mandan, y ahí el orden sí está fijado.

Orden de trabajo que funciona, y conviene hacerlo siempre igual: primero se busca el verbo y se le saca la persona y el número; después se busca un nominativo que concuerde con esa persona; y al final se reparte lo que queda, cada palabra por su terminación.

Si no aparece ningún nominativo, no falta nada: el sujeto va dentro del verbo. Rosam amat es «ama la rosa», con un «él» o «ella» que nadie ha escrito.

⛔ Equivocarse de caso no produce ninguna señal de alarma. Miles regem videt es «el soldado ve al rey» y Militem rex videt es «el rey ve al soldado»: las dos se pueden traducir y las dos suenan igual de bien. La terminación se lee antes de traducir, no después.

⚠ Con sum no hay ningún complemento directo que buscar: lo que acompaña al verbo comparte caso con el sujeto, y los dos van en nominativo.

30Traduce: Milites oppidum muniebant.

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«Los soldados fortificaban la ciudad».

Primero el verbo: muniebant es imperfecto, tercera del plural, así que el sujeto tiene que ser plural.

Después el nominativo que concuerde: milites vale como nominativo plural, y es el único candidato. Queda oppidum, que es neutro y aquí funciona como complemento directo.

⚠ Milites podía ser también acusativo plural, y no se ha elegido a ojo: se ha elegido porque el acusativo ya estaba ocupado y porque el verbo pedía un sujeto en plural.

31Traduce esta frase y reparte sus tres palabras por su función: Epistulam magistro scribebat.

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«Escribía una carta al maestro».

El verbo es scribebat, imperfecto, tercera del singular. No hay ningún nominativo en la frase, y no hace falta: la persona va dentro del verbo.

Epistulam lleva marca de acusativo, luego es el complemento directo. Magistro lleva marca de dativo, luego es el complemento indirecto: el destinatario.

▲ Al traducir hay que decidir si se escribe «él escribía» o solo «escribía». Las dos valen; el castellano también deja caer el pronombre, así que lo natural aquí es no ponerlo.

32Aquí van tres frases hechas con las tres mismas palabras, colocadas de tres maneras. ¿Dicen lo mismo? Puer librum legit · Librum puer legit · Legit librum puer.

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Las tres dicen «el niño lee el libro».

Puer está en nominativo en las tres y librum en acusativo en las tres. Como el reparto va en las terminaciones, moverlas de sitio no cambia nada de eso.

Lo que sí se mueve es el énfasis: en latín la primera palabra y la última son las posiciones destacadas, y colocar ahí una u otra palabra dirige la atención. Eso es estilo, no gramática.

⚠ Al traducir al castellano conviene devolver el orden a lo normal, porque en castellano mover las palabras sí puede cambiar el sentido o dejar la frase rara.

33Esta frase tiene un error. Encuéntralo y da las dos maneras de arreglarlo: Pueri rosam amat.

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El número del sujeto no coincide con el del verbo: pueri es plural y amat es tercera del singular.

Se arregla poniendo el verbo en plural, Pueri rosam amant, «los niños aman la rosa».

O poniendo el sujeto en singular, Puer rosam amat, «el niño ama la rosa». Las dos frases son correctas y no significan lo mismo.

⛔ Este error tampoco salta a la vista en una frase suelta, así que no sirve confiar en que se note. El único modo de cazarlo es el de siempre: sacarle el número al verbo y comprobarlo en el nominativo.

Las preposiciones y los complementos con caso

Lo que hay que saber

Muchos complementos circunstanciales latinos no llevan ninguna palabra delante: les basta con estar en ablativo. Muro oppidum munit es «fortifica la ciudad con un muro», y ahí el «con» lo pone la terminación.

Las preposiciones latinas rigen caso: cada una manda sobre el caso de la palabra que va detrás, y no se elige. Regir es justamente eso, decidir en qué caso tiene que ir otra palabra.

Piden acusativo ad («hacia»), per («a través de»), ante («delante de»), post («detrás de») e inter («entre»).

Piden ablativo cum («con»), ex y e («desde dentro de»), de («desde arriba de»), sine («sin») y pro («delante de»).

In es la que hay que mirar dos veces, porque admite los dos casos y cambia de significado. Con ablativo dice dónde se está; con acusativo dice adónde se va.

34Traduce las dos y explica qué cambia: In silva ambulat · In silvam ambulat.

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In silva ambulat es «pasea por el bosque» o «pasea en el bosque»: está dentro y se mueve dentro.

In silvam ambulat es «entra paseando en el bosque»: venía de fuera y se mete dentro.

La única diferencia escrita es la -m, que convierte el ablativo silva en el acusativo silvam. Con esta palabra delante, el ablativo dice dónde se está y el acusativo dice adónde se va.

⚠ Toda la diferencia cabe en esa letra, y al copiar una frase es de lo primero que se pierde. Antes de traducir, conviene mirar expresamente si está.

35Pon cada nombre en el caso que pide la palabra que lo precede: cum + amicus · ad + templum · ex + oppidum · per + via.

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cum pide ablativo: cum amico, «con el amigo».

ad pide acusativo: ad templum, «hacia el templo». La palabra es neutra, así que su acusativo se escribe como el nominativo.

ex pide ablativo: ex oppido, «desde dentro de la ciudad».

per pide acusativo: per viam, «a través del camino».

▲ Hay una regularidad que ayuda: las que expresan movimiento hacia algo suelen pedir acusativo, y las que expresan procedencia o compañía suelen pedir ablativo. Es una orientación, no una ley: la que pide los dos casos está justamente para recordarlo.

36Traduce Gladio pugnat y explica por qué no hace falta escribir nada delante de gladio.

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«Lucha con la espada».

Gladio está en ablativo, y ese caso basta por sí solo para decir con qué se hace la acción. No necesita ninguna palabra añadida: el «con» ya va en la terminación.

Esto choca de frente con lo que el castellano hace, y por eso se olvida: nosotros necesitamos la preposición y damos por hecho que el latín también.

⚠ Si aquí se le añadiera cum delante, la frase pasaría a significar que lucha en compañía de la espada, como quien lucha junto a un amigo. No sería un error de forma, sería otra cosa.

Cómo el latín se convirtió en castellano

Lo que hay que saber

Las palabras castellanas heredadas no vienen del nominativo. Vienen casi todas del acusativo singular, que fue la forma que se impuso en la lengua hablada. De patrem salió «padre», y no del nominativo pater.

La e y la o breves acentuadas se rompieron en diptongo: terram dio «tierra» y portam dio «puerta». Cuando detrás venía un sonido palatal el diptongo no llegó a formarse, y por eso lectum dio «lecho».

La f inicial se convirtió en h: filium dio «hijo». No ocurrió delante de los diptongos ue e ie ni delante de r: fontem dio «fuente», festam dio «fiesta» y frontem dio «frente», las tres con la f intacta.

Entre vocales, las sordas se ablandaron: la p pasó a b, la t a d y la c a g. Lupum dio «lobo», vitam dio «vida» y amicum dio «amigo».

El grupo ct se convirtió en ch. Y una palabra que empezaba por pl-, por cl- o por fl- acabó empezando por ll-: pluviam dio «lluvia» y flammam dio «llama».

⚠ Todo esto vale para las palabras que hicieron el camino hablando, de boca en boca. Las que entraron después por escrito no pasaron por ninguno de estos cambios, y por eso se parecen tanto al latín: son los cultismos.

37Escribe el resultado castellano y di qué cambio ha actuado en cada uno: ferrum, novum, clamare, farinam.

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Ferrum dio «hierro», y sobre esta palabra actuaron dos cambios distintos: la e breve acentuada se rompió en el diptongo ie, y la f de delante pasó a h.

Novum dio «nuevo»: la o breve acentuada se convirtió en el diptongo ue.

Clamare dio «llamar»: ese cl- de la cabeza de la palabra terminó en ll-.

Farinam dio «harina»: la f inicial pasó a h.

⚠ El primero enseña algo que los otros tres no: los cambios no van de uno en uno. Una misma palabra puede recibir dos o tres, y cada uno deja su huella.

38¿Por qué «ciudad» no se parece a civitas y sí a civitatem?

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Porque las palabras castellanas heredadas no salieron del nominativo, sino del acusativo singular, que fue la forma que se impuso en la lengua hablada.

De civitatem a «ciudad» el camino se sigue paso a paso: la -m final se pierde, la t entre vocales se ablanda en d y las vocales finales acaban cayendo.

Desde civitas ese camino no existiría: faltaría justamente la parte de la palabra que ha dejado la d de «ciudad».

▲ Quedan unas cuantas que sí salieron del nominativo, y «Dios» está entre ellas: viene de deus. Se reconocen porque conservan una -s que el acusativo ya no llevaba.

39De noctem salió «noche» y de octo salió «ocho». ¿Qué tienen en común? Escribe otra palabra castellana que haya hecho lo mismo.

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Las dos tenían el grupo ct y en las dos se convirtió en ch. Ese paso de ct a ch se repite palabra tras palabra en el léxico heredado.

Otra que hizo lo mismo es «hecho», que viene de factum. Ahí además la f inicial pasó a h, así que la palabra recibió los dos cambios.

Ese grupo es una buena señal para reconocer parejas: cuando una palabra castellana tiene ch donde otra emparentada tiene ct, es que una vino hablando y la otra no.

⚠ El cambio afecta al grupo ct del latín, no a cualquier ch castellana. «Chico» o «chocolate» tienen ch por otros motivos y no vienen de ningún ct.

40«Noche» y «nocturno» se parecen y significan cosas relacionadas, pero «nocturno» conserva el grupo ct. ¿Cómo se explica?

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Porque «nocturno» no hizo el camino hablando. Es un cultismo: entró siglos más tarde y por vía escrita, cuando aquel cambio de ct a ch había dejado de actuar.

Una palabra tomada por escrito no pasa por la boca de nadie durante siglos, así que no se gasta. Por eso los cultismos se parecen tanto a su original.

Además las dos no vienen exactamente de lo mismo: «noche» viene de noctem y «nocturno» viene de nocturnus, un adjetivo derivado de esa misma familia.

▲ Eso hace que no sean una pareja del mismo origen exacto, sino dos palabras de la misma familia que llegaron por caminos distintos y en épocas distintas.

Cultismos, latinismos y familias de palabras

Lo que hay que saber

Una palabra patrimonial viene rodando desde el latín hablado y por el camino se ha ido gastando. Un cultismo se tomó más tarde del latín escrito y apenas cambió. ▲ «Apenas» no es «nada»: hasta el cultismo más fiel tuvo que adaptar su terminación.

Cuando el mismo étimo ha dado las dos cosas, la pareja se llama doblete. Clavem dio dos palabras: «llave», que llegó hablando, y «clave», que entró por escrito. Y no es la excepción: hay bastantes más.

Un latinismo es una expresión latina que se sigue usando tal cual, sin traducir: a priori, in situ, ipso facto, sui generis, grosso modo, motu proprio.

⛔ Un latinismo no se adapta ni se traduce a medias: se escribe tal como es en latín, con su ortografía y sin añadirle nada delante. Y por ahí es por donde se estropean: al tratarlos como si fueran castellano, se les añade una preposición delante o se les cambia una letra.

Los prefijos latinos siguen produciendo palabras nuevas, y reconocerlos deja adivinar lo que significan. Uno entero, para ver cómo funciona: sub- es «debajo», y de ahí que un submarino navegue bajo el mar y que una subida empiece abajo.

⚠ Parecerse no es venir de lo mismo. Dos palabras castellanas pueden compartir letras y no compartir ni una gota de historia, y el único modo de saberlo es buscar el étimo de cada una por separado.

41Separa en cada pareja la heredada de la culta y señala el étimo del que salieron las dos: estrecho y estricto · delgado y delicado · seña y signo · entero e íntegro.

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Patrimoniales: estrecho, de strictum; delgado, de delicatum; seña, de signum; y entero, de integrum. Cultismos: estricto, delicado, signo e íntegro, cada uno del mismo étimo que su pareja.

La pista está en el desgaste, y funciona mientras la heredada haya cambiado bastante: pierde sílabas, cambia consonantes y a veces se aleja tanto que ya no se reconoce. Cuando las dos se parecen mucho, la pista no basta y hay que buscar el étimo.

El cultismo, en cambio, se puede leer casi como el latín, porque entró por escrito y no tuvo tiempo de cambiar.

⚠ Los significados también se han separado: «estrecho» y «estricto» salieron del mismo sitio y hoy ya no dicen lo mismo, así que cambiar una por otra estropea la frase.

42Estas dos expresiones están mal escritas. Corrígelas y explica por qué: «a grosso modo» · «de motu propio».

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Lo correcto es grosso modo, sin nada delante. La expresión latina ya significa «de un modo grueso», es decir, a grandes rasgos: la preposición añadida repetiría lo que ya está dentro.

Lo correcto es motu proprio, con dos erres en la segunda palabra y sin nada delante. Significa «por impulso propio».

Las dos se escriben mal por lo mismo: se oyen como si fueran castellano y se les aplica la gramática del castellano, que pediría una preposición.

▲ Una manera de no fallar: traducirlas enteras antes de escribirlas. Si al traducir aparece dos veces la misma preposición, la de fuera sobra.

43¿Qué significan estos prefijos latinos y qué le aportan a la palabra? «internacional», «transatlántico», «circunvalar», «posdata».

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inter- es «entre»: algo internacional ocurre entre naciones.

trans- es «al otro lado»: un vuelo transatlántico cruza al otro lado del Atlántico.

circum- es «alrededor»: circunvalar una ciudad es rodearla. En castellano ese prefijo se escribe «circun-» o «circum-» según la letra que venga detrás.

post- es «después»: una posdata es lo que se añade después de haber firmado una carta.

⚠ Reconocer el prefijo da el sentido general, no el exacto. «Subrayar» es literalmente «rayar debajo», y eso se entiende; «subsanar» no se deduce igual de bien.

44«Bélico» y «bello» se parecen mucho. ¿Vienen de la misma palabra latina?

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No. «Bélico» viene de bellum, que significa «guerra». «Bello» viene de bellus, que significa «bonito». Son dos palabras latinas distintas.

Que en castellano hayan acabado pareciéndose tanto es casualidad del desgaste, y precisamente por eso el parecido no vale como prueba de nada.

La familia de la primera da además «beligerante» y «belicoso»; la de la segunda da «belleza» y «embellecer». Puestas en dos listas, la confusión se deshace sola.

▲ El método sirve para cualquier pareja sospechosa: en vez de comparar las dos palabras entre sí, se busca el origen de cada una por separado y se comparan los orígenes.

Las palabras que nombran la ciudad y el poder

Lo que hay que saber

Civis es el ciudadano: el miembro de la comunidad con derechos reconocidos. Es una de las palabras latinas que más descendencia ha dejado en castellano, y conviene rastrearla entera.

Populus no es la gente sin más: es el pueblo entendido como cuerpo con voz política. De publicus, que sale de ahí, tenemos «público», «publicar» y «publicidad».

Res publica se traduce palabra por palabra: res es «cosa» y publica es «pública». De esa expresión viene «república».

Al frente del Estado había cada año dos cónsules, con el mismo poder y por un solo año. Las dos cosas —ser dos y durar poco— estaban pensadas para que ninguno mandase solo.

El senatus dirigió la política de Roma durante siglos, y su nombre guarda una pista de cómo nació: se relaciona con senex, «anciano». De esa misma raíz salen «senado» y «senil».

Del derecho vienen dos familias enteras. Lex, legis da «ley», «legal» y «legislar». De la familia de ius, iuris salen «jurídico», «juez» y «justicia». Y la primera ley romana puesta por escrito, a mediados del siglo V antes de Cristo, se conoce como la Ley de las Doce Tablas.

45«Ciudad», «ciudadano» y «civismo» están emparentadas. Explica cómo, y qué palabra latina hay detrás de las tres.

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Detrás de las tres está civis, y el parentesco se sigue en dos saltos.

De civis salió civitatem, el cuerpo entero de los ciudadanos, y de ahí «ciudad». Es decir, la palabra que hoy nombra un lugar nombraba antes a un grupo de personas.

«Ciudadano» se formó ya en castellano sobre «ciudad», y «civismo» y «cívico» entraron por la vía culta, directamente desde el latín.

▲ El desvío de significado es lo interesante: pasar de la gente al sitio donde vive es un camino corriente, y explica por qué una palabra tan antigua sigue siendo tan útil.

46Res publica significa literalmente «la cosa pública». ¿Qué dice esa traducción literal sobre lo que era el Estado para los romanos?

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Dice que el Estado se entendía como algo que pertenece a todos y a nadie en particular. No era la propiedad de un rey ni de una familia: era un asunto común.

Por eso esa expresión acabó dando «república», que sigue nombrando el tipo de Estado donde el poder no se hereda.

La idea tenía consecuencias prácticas: si el Estado es de todos, quien lo dirige rinde cuentas y deja el puesto.

⚠ Decir esto de Roma no es decir que todo el mundo participara. La comunidad de ciudadanos con derechos era una parte de la población, y fuera quedaban muchos.

47De senex, «anciano», salen «senado» y «senil». ¿Qué dice ese parentesco sobre lo que era el senado?

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Dice que el senado era, en su origen, la asamblea de los mayores: los que llevaban más años y más experiencia acumulada.

El nombre conserva esa idea aunque la institución cambiara mucho con el tiempo, y eso es lo habitual en las palabras que nombran instituciones.

«Senil», de la misma raíz, se quedó con el lado puramente biológico de la edad, sin nada de autoridad. Dos palabras de un mismo origen pueden repartirse así los significados.

▲ El mismo tipo de pista sirve para otras: buscar el étimo de «cónsul», «tribuno» o «pretor» cuenta bastante de lo que hacía cada uno.

La romanización de Hispania

Lo que hay que saber

Los romanos pisaron la Península en el año 218 antes de Cristo, en plena segunda guerra contra Cartago. No venían a quedarse: venían a cortarle el suministro al ejército cartaginés. Se quedaron de todas formas.

Terminar la conquista les costó casi dos siglos. El último episodio fue el sometimiento de los pueblos del norte, en el año 19 antes de Cristo.

Romanización es el nombre del proceso por el que la población fue adoptando la lengua, el derecho, la religión y las costumbres de Roma. No fue un interruptor: fue lento, desigual y voluntario en unos sitios e impuesto en otros. El sur y la costa mediterránea se romanizaron antes; el interior y el norte, mucho después.

Roma repartió el territorio en provincias y fundó ciudades nuevas donde asentar a los soldados licenciados. De aquellos nombres siguen vivos unos cuantos: Caesaraugusta es Zaragoza, Emerita Augusta es Mérida, Legio es León, Valentia es Valencia, Barcino es Barcelona y Lucus Augusti es Lugo.

Las calzadas unían esas ciudades y servían a la vez para mover tropas, correo y mercancías. Sin esa red, ni la lengua ni el derecho de Roma habrían llegado tan lejos tierra adentro.

El legado material: lo que sigue en pie

Lo que hay que saber

Dos inventos explican por qué tanta obra romana sigue de pie. Uno es el arco de medio punto, que reparte el peso hacia los lados en vez de cargarlo todo sobre una pieza. El otro es el hormigón romano, una mezcla de cal, arena y piedra machacada que endurecía incluso bajo el agua.

Los acueductos llevaban el agua a las ciudades sin bombas de ninguna clase: bastaba una pendiente suavísima y constante desde el manantial. El de Segovia está levantado sin argamasa, con las piedras sostenidas por su propio peso.

Un teatro y un anfiteatro no son lo mismo, aunque se confundan. El teatro es semicircular y estaba hecho para representaciones; el anfiteatro es cerrado y ovalado, y en él se celebraban combates. Mérida conserva los dos, uno al lado del otro.

La muralla romana de Lugo rodea entero el casco antiguo y todavía se puede recorrer por arriba. Es el único recinto amurallado romano que se conserva completo.

Las calzadas se construían por capas, de la piedra gruesa del fondo a las losas de la superficie, con la vía ligeramente abombada para que escurriera el agua. Muchas carreteras de hoy van por donde iban ellas.

Y queda una herencia menos vistosa y más habladora: las inscripciones en piedra. Lápidas, dedicatorias y piedras de camino. De ellas sale buena parte de lo poco que se sabe de la gente corriente, que no escribió libros.

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